domingo, 20 de noviembre de 2011

Creo que fueron muchos “ponte zapatos” porque ahora me molesta cada vez que me lo vuelven a decir. Como si andar descalza estuviera prohibido por la ley, cuando es lo mejor del mundo, esa particularidad de sentir las distintas texturas del piso, el que te de un escalofrío cuando pisas una baldosa helada; el dolor que te produce pisar una pequeña piedra; el mover los dedos del pie cuando la alfombra es peluda… son cosas que la mayoría de las personas se pierde porque esconden sus pies dentro de un par de zapatos.
Me gusta andar descalza, me da una libertad que no sé cómo explicar. Sólo sé que lo seguiré haciendo.

Solitaria.