miércoles, 10 de octubre de 2012



El momento ha llegado, el destino te ha mostrado tus posibles caminos y te ha entregado las cartas necesarias para hacer tú juego.
Miras las cartas, intentas que calcen con el lugar que buscas, esperas que te den una garantía detrás de cada cara, detrás de cada número pero, el juego no es así; tienes que escoger, es cara o sello, no existe otra posibilidad.
Planeas tu ataque, tu mejor defensa por si el camino no es adecuado y cuando llega el momento de actuar te congelas. Intentas huir, correr lo más lejos de ahí y ocultarte tras una gran cantidad de muros que cada día son más grandes y fuertes.
Una vez que estas sola con tus pensamientos te das cuenta que la carta elegida era la correcta e intentas retomar el juego, lamentablemente el destino es mezquino y escurridizo, te revolvió el mazo de cartas y te entrego nuevas; unas menos llamativas a las anteriores, pero con cosas parecidas.
Desesperas, lo sé. Yo también lo haría.
Respira, te recuerdo. Cierra tus ojos y déjate guiar por tu corazón.
Te dejas caer en el suelo cansada, pones las cartas ordenadas en el suelo delante de de ti, respiras por última vez, contienes la respiración mientras cierras los ojos. Intentas conectarte con tu interior, con tu conciencia, con tu paciencia, con tu dolor y con tu amor. Sueltas el aire, abres los ojos y ya sabes la respuesta... ahora anda, toma la carta y juega el juego.


Solitaria. 

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