Y abro esa caja de recuerdos y me encuentro con aquella melodia que tanto me hizo bailar.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Maniquies
Una canción suena, oigo como me llama, como me invita a ser su cómplice y me gusta la idea.
No puedo mover los brazos, tampoco las piernas; menos puedo girar la cabeza y me siento triste por eso, me gustaría poder moverme, alzar los brazos y tocar el cielo.
Alguien me pasa a llevar, ni siquiera se detiene a pedir disculpas. Hace que el pañuelo que me cuelga del cuello se caiga, quiero agacharme a recogerlo y lo intento, pero mis extremidades no responden a mi orden. Una mujer nota mi triste situación y viene a mi rescate, recoge mi pañuelo pero no me lo entrega, lo deja encima de una mesa y luego se va.
Me siento impotente, me gustaría gritarle, lanzarle algo por la cabeza.
La noche debe estar cerca, cada vez pasa menos gente al frente mío y me asusta, no me gusta la oscuridad y cuando todos se marchan, nos dejan prácticamente ciegos. Nadie nos acompaña y muchos ruidos se escuchan del piso de arriba ¿serán fantasmas? Espero que no.
Una señora al día siguiente me cambia la ropa y me avergüenza que lo haga, me deja bastante tiempo desnuda y notó que más de una vez alguien me queda mirando. Si pudiera sonrojarme, lo haría. Sí pudiera taparme, lo haría.
Vuelve la mujer, está molesta por algo y se desquita conmigo ¡yo no le he hecho nada! Pero aun así me trata con movimientos bruscos y provoca que mi mano caiga y se rompa en el suelo. Me mira más molesta, suspira ruidosamente,luego me quita el pantalón que me había puesto momentos antes, me toma como puede y lleva a una sala oscura. No se molesta en encender la luz y tira mi cuerpo sobre una caja grande donde se encuentran otras como yo, cierra la puerta fuertemente.
Y yo me quedo ahí, en plena oscuridad para que nadie pueda ver lo imperfecta que estoy. Claro, tengo que estar completa si quiero que me pongan en vitrina.
Solitaria
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