Cierra la puerta detrás de ella y comienza a caminar calle abajo.
Las manillas del reloj con correas de cuero café indican que son las nueve con once minutos y el segundero avanza con prisa para su gusto.
Va dando pequeños saltos mientras baja los escalones de cemento, su vestido danza a sus espaldas con el viento, al igual que su largo cabello suelto.
Cruza la vereda y se encuentra con el trolebus esperando por más pasajeros. Guarda el boleto en el bolsillo del vestido y se sienta en los sillones de cuero.
El día está nublado, mas el sol aprovecha cada instante para asomarse entre las nubes, por eso cierra de vez en cuando los ojos dejando que los rayos le iluminen la cara.
Avanzan a una velocidad moderada, pero ella siente que todo avanza rápidamente; ve niños corriendo, mujeres riendo, hombres caminando deprisa, amigos conversando, perros ladrando, autos tocando sus bocinas, semáforos cambiando de verde a rojo, árboles moviéndose por el viento, bebes llorando, gatos olisqueando, personas hablando por sus celulares, otras escuchando música por sus audífonos ajenos a todo.
Llega a su parada, toca el timbre y le abren las puerta. Desciende para continuar caminando; cruza calles, esquiva personas, les sonríe a otras. Saluda a una vieja conocida, ayuda a un anciano cruzar la calle.
Entra en en el mercado para comprar lo necesario, conversa algo con la mujer que vende alcachofas frescas, saluda a el caballero de las manzanas verdes.
Sale con las bolsas en la mano, afuera comienza a llover. El clima está demasiado raro.
Abre el paraguas que llevaba consigo y camina hasta la parada. El trolebus llega con un poco de retraso y sube en él, es el mismo chofer, le saluda con una sonrisa y se sienta en el mismo asiento.
Ve nuevos rostros, nuevos autos, nuevos perros y gatos.
Baja los escalones del trolebus y camina hasta su casa, no hay nadie dentro del edificio. Ni siquiera sus vecinos se asoman cuando abre la puerta principal. El gato sale a recibirla y se pasea entre sus piernas por un momento.
Deja todo sobre la mesa y toma los binoculares. Sí, él está ahí, pintando tranquilamente y, aunque sea raro, se tranquiliza ella.
Solitaria.
Y abro esa caja de recuerdos y me encuentro con aquella melodia que tanto me hizo bailar.
lunes, 20 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
In my place
Cariño, déjame decirlo porque si no lo hago terminaré muriendo de apoco.
Verte y reconocerte es una combinación que muchas veces no suele funcionar. Es sentir mariposas y golpes en el estomago, es querer mantenerse intacta y que las piernas te flaqueen, es querer gritar pero quedarse muda.
Siento que la sangre me hierve, que me elevo un poco, que el tiempo se detiene por una fracción de segundos, que todo y nada importa y por sobre todo siento esas ganas ridículas de sonreír todo momento.
Cuando me tocas no estoy ahí, no pertenezco a mi cuerpo porque soy presa de tus caricias, soy esclava de tus mimos, soy amante incondicional de tus deseos.
Si me besas no siento necesidad de respirar, nuestros labios se acoplan como si hubieran sido destinados y hechos para ello.
Te sigo y te acompaño en cada paso, en cada decisión que tomas, porque donde tú vayas yo sin dudarlo te tomaré la mano para no soltarla más.
Solitaria.
sábado, 4 de mayo de 2013
Malditas manías
Cruzar los dedos mientras salgo por la puerta de mi casa.
Morder la uña de los pulgares. Morderla, no cortarla, mucho menos comerla.
Tocarme con la lengua la muela del juicio.
Mirarme en el espejo de mi pieza, en el del baño y el del living antes de salir.
Sentarme en el mismo asiento en el metro.
Llegar a mi casa y sacarme inmediatamente los anillos.
Preguntar tres veces si me veo bien.
Dormir mirando una pared, ventana, etc.
Despedirme del chófer de la micro o del colectivo.
Recorrer todos los canales de la televisión antes de dejar uno.
No dejar que me enciendan el cigarro.
Arreglarme las pestañas con un alfiler y después guardarlo entre las pastillas de loratadina.
No dejar que me toquen el pelo.
Llegar con cinco minutos o más de anticipación a cualquier lugar.
Solitaria.
Morder la uña de los pulgares. Morderla, no cortarla, mucho menos comerla.
Tocarme con la lengua la muela del juicio.
Mirarme en el espejo de mi pieza, en el del baño y el del living antes de salir.
Sentarme en el mismo asiento en el metro.
Llegar a mi casa y sacarme inmediatamente los anillos.
Preguntar tres veces si me veo bien.
Dormir mirando una pared, ventana, etc.
Despedirme del chófer de la micro o del colectivo.
Recorrer todos los canales de la televisión antes de dejar uno.
No dejar que me enciendan el cigarro.
Arreglarme las pestañas con un alfiler y después guardarlo entre las pastillas de loratadina.
No dejar que me toquen el pelo.
Llegar con cinco minutos o más de anticipación a cualquier lugar.
Solitaria.
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