lunes, 10 de septiembre de 2012

El cielo es tú limite.

Mi viajero. El mismo que tiene las zapatillas casi sin suela, el que siempre está pidiendo que lo lleven, pero que nunca lo regresen; viajas sin rumbo, lo sé. Por eso mismo no te pido que te quedes porque así como llegaste te irás, con tu mochila al hombro y los miles de kilómetros adelante de ti. Tampoco te voy a pedir que no me mientas, porque tu profesión es contar historias ficticias, inventas personajes que no existen, hasta inventas lugares con sólo agregarle lo que aun no conoces y conquistas a los pueblerinos para que te den algún hospedaje para descansar y dormir, así lo hiciste conmigo.
Sólo te pido que después de ésta noche, de estos besos y de estas caricias, vuelvas. De la misma manera que llegaste hoy, con esa gran carretera a tu espalda y con una sonrisa en la cara. Recorre todo lo que quieras, te dejo ir hasta el fin del mundo si así lo quieres, pero vuelve. Regresa al lugar que te corresponde y llena ese lugar vacío al lado de mi cama.
Por ahí dicen que lo que amas tienes que dejarlo ir, si te corresponde, volverá. ¿Volverás?


Solitaria.

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