miércoles, 12 de septiembre de 2012

Love me tender.

Bailaban abrazados, sólo era un vaivén de aquí para allá, pero para ellos era un momento mágico.
La cena había resultado todo un éxito y ahora simplemente quedaba esperar que se consumieran por completo las velas, al igual que el vino.
Norah Jones sonaba de fondo y creaba esa burbuja especial, la misma donde no existía nadie, incluidos ellos. Ella era él y él era ella.
No querían hablar, eso era obvio, pero sabían que no podían aplazar más es conversación; era momento de que la burbuja se reventará y que ellos enfrentarán sus problemas.
Él tomó la barbilla de ella para poder verla a los ojos, en su mejilla rodaba una lágrima. Como le hubiese gustado que fuera una lágrima de alegría, pero sabía por qué lloraba, él también lo deseaba.
Ella intentó sonreír, darle algo de esperanza o de alegría, pero él negó con la cabeza. Le cerró los ojos con su mano y juntó sus frentes en señal de conexión, de entrega el uno al otro.
Un mes. Eso era todo el tiempo que le quedaba  ella y, sí ella moría, él también.
Se sentaron en el sillón, ella puso su cabeza en el hombro de él y suspiró.
Ahora sólo les quedaba esperar. Esperar que el vino causara su efecto y los hiciera dormir juntos, él con ella y ella con él; lo que ella no sabía era que de ese sueño no despertarían más y a él sólo le quedaba tener esperanza de que se volverían a encontrar.



Solitaria.

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