martes, 2 de julio de 2013

I'll be your man

Y rendida en tus brazos dormí.
La oscura noche con sus estrellas y luna fueron testigos de aquello; fueron nuestras cómplices y prometieron mantener el secreto a ellos que no escuchan en el silencio, a los que no saben interpretar una señal y no aprecian la magia.
Segundos que se convirtieron en minutos y ellos en horas.
Horas junto a ti, horas protegiéndonos el uno con el otro, horas con el cuerpo enrollado en el otro manteniendo el calor en un césped húmedo... horas que se sintieron minutos.
Alondra nos despertó silbando. Con un cálido amanecer, con pájaros siguiendo su canto y flores abriendo sus pétalos.
Vi tus parpados abrirse lentamente, prologando lo poco y nada que quedaba del efecto de Morfeo sobre tu cuerpo; vi como tus ojos enfocaban mi cara, como una mueca daba paso a una sonrisa y sentí como la mano que me aferraba a ti me acercaba aún más.
Acariciaste mi mejilla, ella inmediatamente adquirió color bajo tu tacto y, en ese momento juro que eramos infinitos, era mucho más que un amanecer juntos, era más que una necesidad.
Eramos, simplemente felices.


Solitaria.

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