Siempre me has atraído. Siempre.
Lo triste es que ni siquiera lo has de saber, con suerte sabes mi nombre y de donde vengo, pero no te interesa a dónde voy.
¿Me verás por lo que soy o por quién soy?
Ya no soy la niña que solías ver cuando visitabas mi casa, lo deje de ser hace mucho tiempo y, a pesar de ello, creo que ante tus ojos todavía tengo doce años.
Juro que aquel día cuando rosaste mi mejilla con tus dedos, sentí vértigo. Sentí que el piso se abría y yo caía en él para no tocar fondo nunca.
Cuando nuestras miradas se cruzaron y no la apartamos por un momento, me vi desnuda, porque sabía en el fondo que tú mirabas un poco más allá de lo superficial.
¿Por qué dejas pasar más tiempo? ¿Para qué?
Calzaríamos a la perfección, como el ying y el yang, no nos faltaría nada y créeme, dejaríamos de buscar lo que nos falta, porque seríamos uno.
Solitaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario