sábado, 7 de noviembre de 2015

Save me

Llegan al terminal de buses con una hora de adelanto.
Andrés la sujeta por la cintura, con esa necesidad constante de mantener el contacto con su cuerpo. Iziar lo rodea con sus brazos e inunda la nariz con el aroma de él, ese olor que tanto le gusta y que por ella lo llevaría para todos lados con tal de sentir una milésima parte de él.
Y el maldito momento comienza a llegar, ese en que cada segundo, cada minuto significa que falta menos para que él parta y así volver a la rutina, junto a ese estado automático en que se sumergen cada uno cuando la distancia los separa.
Iziar lo abraza con más fuerza, con más ganas, intentado retener el tiempo que se les escapa de las manos, como si con abrazo fuera capaz de detener que el reloj avance, mas lo hace; el reloj juega con las horas, las adelanta y las retrocede a su gusto ¿quién podría detenerlo? ¿quién lo juzga o lo limita? ¿acaso alguien lo ha podido vencer?
Levantan la cabeza y se miran directamente a los ojos. Siempre lo hacen, se comunican de ese modo; una simple mirada y él sabe lo que le ocurre a ella, una simple mirada y ella sabe lo que está pensando él. Una sonrisa que no le llega a los ojos se instala en la cara a ella y Andrés intenta corresponder pero sin mucho éxito.
De reojo ven como el bus se instala en el andén 9 para que se puedan subir los pasajeros y a ellos se les instala el nudo en la garganta. El momento que detestan se acerca cada vez más y las lágrimas que vienen manteniendo a raya desde hace un rato se hacen presente; los ojos de Iziar se inundan por ese líquido salado y Andrés esconde su cara en el hueco del hombro de ella. Habían dicho que no iban a llorar, pero el dolor de la separación es mayor, siempre lo es.
Ella le dice que no quiere que se vaya, él le responde que no quiere irse ¿quién querría separarse del amor de su vida sin saber exactamente cuándo se volverán a ver?
Se besan, se abrazan, se aman por última vez. Pero nada es suficiente, el sentimiento de vacío comienza a llegar para quedarse por lo que dure la separación y ambos sienten como sus almas se van desprendiendo.
Andrés toma su mochila desde el suelo, besa los labios de ella sin querer separarse y tras un "te amo mucho" se sube en el bus con el corazón partido en dos. Se buscan con la mirada urgentemente, al menos les quedan unos minutos más para verse, hasta que el bus se vaya definitivamente.
A Iziar se le viene a la mente la estrofa de la canción de ellos "... que sin ti no puedo, que se me derrumba el cielo, que por ti yo vivo y muero, que eres lo que yo más quiero...", y las ganas de llorar aumentan.
De a poco el bus comienza a retroceder y con ello Andrés se va. Intentan verse hasta que ya no hay más remedio y ambos comienzan sus caminos, ella camina llorando hasta la locomoción más cercana que la pueda llevar hasta su casa, él comienza el viaje de vuelta hasta su ciudad. Entre suspiros avanzan ambos, recordando y atesorando cada momento que vivieron juntos.
Al sentarse en el asiento de la micro, Iziar saca su celular para poder escuchar música en el largo trayecto hasta su casa. Lo prende y se pilla con un mensaje de Andrés.

Lo único que tengo en mente es y será imaginar el momento para verte y vernos juntitos otra vez. 

Un suspiro con una sonrisa de nostalgia ilumina la cara de ella, y piensa: te veo pronto amor mío.



Solitaria.

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