La monotonía de mis días no cambia... La única cosa que cambia es mi ropa y la cantidad de cigarros que fumo, ¿cuántos serán al día? ¿3 ó 8? No lo sé, pierdo la cuenta en el quinto.
Trató de disimular con una sonrisa siempre que puedo, "que nadie se entere que tan mal estas" dice una voz interna, manteniendo al margen a todos. Ya nadie entra aquí, cerré por dentro para evitar daños colaterales y por un lado es mejor, porque la voz ya no se me quiebra al hablar, tampoco hay lagrimas rebeldes que caigan por mi mejilla.
Puedo hasta decir que incluso mis sueños se han vuelto rutina, y si bien cambia el escenario junto con el contexto, noche tras noche los protagonistas somos nosotros, pero no el nosotros ahora, si no que el nosotros de antes. Y lo peor de todo, es que son tan reales que me cuesta asimilar en las mañanas la realidad en donde nos encontramos; el aturdimiento me dura la mayor parte de la mañana, sobre todo en el recorrido de la micro, escuchando la música a tope y mirando por la ventana sin ver nada.
Sé que fui yo misma la que prefirió cerrar todo desde adentro, pero incluso habiendo tomado esa decisión, una parte de mí que crece día a día quiere que alguien intente sacarme de ahí, y lo peor es que ese "alguien" no es cualquiera, solo existe una persona capaz de hacerlo. Solo esa persona puede sacarme de la monotonía en la que me sumergí, en donde dejo que mi cuerpo lo lleve la corriente y ya no peleo por nada, solo floto.
Quiero gritarte, quiero maldecirte y por sobre todas las cosas quiero odiarte. Pero todas esas cosas, todos esos sentimientos quedan nulos y no saco nada con intentarlo, todavía sigues aquí.
Solitaria.
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