jueves, 16 de junio de 2016

Nada

La monotonía de mis días no cambia... La única cosa que cambia es mi ropa y la cantidad de cigarros que fumo, ¿cuántos serán al día? ¿3 ó 8? No lo sé, pierdo la cuenta en el quinto. 
Trató de disimular con una sonrisa siempre que puedo, "que nadie se entere que tan mal estas" dice una voz interna, manteniendo al margen a todos. Ya nadie entra aquí, cerré por dentro para evitar daños colaterales y por un lado es mejor, porque la voz ya no se me quiebra al hablar, tampoco hay lagrimas rebeldes que caigan por mi mejilla. 
Puedo hasta decir que incluso mis sueños se han vuelto rutina, y si bien cambia el escenario junto con el contexto, noche tras noche los protagonistas somos nosotros, pero no el nosotros ahora, si no que el nosotros de antes. Y lo peor de todo, es que son tan reales que me cuesta asimilar en las mañanas la realidad en donde nos encontramos; el aturdimiento me dura la mayor parte de la mañana, sobre todo en el recorrido de la micro, escuchando la música a tope y mirando por la ventana sin ver nada. 
Sé que fui yo misma la que prefirió cerrar todo desde adentro, pero incluso habiendo tomado esa decisión, una parte de mí que crece día a día quiere que alguien intente sacarme de ahí, y lo peor es que ese "alguien" no es cualquiera, solo existe una persona capaz de hacerlo. Solo esa persona puede sacarme de la monotonía en la que me sumergí, en donde dejo que mi cuerpo lo lleve la corriente y ya no peleo por nada, solo floto. 
Quiero gritarte, quiero maldecirte  y por sobre todas las cosas quiero odiarte. Pero todas esas cosas, todos esos sentimientos quedan nulos y no saco nada con intentarlo, todavía sigues aquí. 


Solitaria.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Save me

Llegan al terminal de buses con una hora de adelanto.
Andrés la sujeta por la cintura, con esa necesidad constante de mantener el contacto con su cuerpo. Iziar lo rodea con sus brazos e inunda la nariz con el aroma de él, ese olor que tanto le gusta y que por ella lo llevaría para todos lados con tal de sentir una milésima parte de él.
Y el maldito momento comienza a llegar, ese en que cada segundo, cada minuto significa que falta menos para que él parta y así volver a la rutina, junto a ese estado automático en que se sumergen cada uno cuando la distancia los separa.
Iziar lo abraza con más fuerza, con más ganas, intentado retener el tiempo que se les escapa de las manos, como si con abrazo fuera capaz de detener que el reloj avance, mas lo hace; el reloj juega con las horas, las adelanta y las retrocede a su gusto ¿quién podría detenerlo? ¿quién lo juzga o lo limita? ¿acaso alguien lo ha podido vencer?
Levantan la cabeza y se miran directamente a los ojos. Siempre lo hacen, se comunican de ese modo; una simple mirada y él sabe lo que le ocurre a ella, una simple mirada y ella sabe lo que está pensando él. Una sonrisa que no le llega a los ojos se instala en la cara a ella y Andrés intenta corresponder pero sin mucho éxito.
De reojo ven como el bus se instala en el andén 9 para que se puedan subir los pasajeros y a ellos se les instala el nudo en la garganta. El momento que detestan se acerca cada vez más y las lágrimas que vienen manteniendo a raya desde hace un rato se hacen presente; los ojos de Iziar se inundan por ese líquido salado y Andrés esconde su cara en el hueco del hombro de ella. Habían dicho que no iban a llorar, pero el dolor de la separación es mayor, siempre lo es.
Ella le dice que no quiere que se vaya, él le responde que no quiere irse ¿quién querría separarse del amor de su vida sin saber exactamente cuándo se volverán a ver?
Se besan, se abrazan, se aman por última vez. Pero nada es suficiente, el sentimiento de vacío comienza a llegar para quedarse por lo que dure la separación y ambos sienten como sus almas se van desprendiendo.
Andrés toma su mochila desde el suelo, besa los labios de ella sin querer separarse y tras un "te amo mucho" se sube en el bus con el corazón partido en dos. Se buscan con la mirada urgentemente, al menos les quedan unos minutos más para verse, hasta que el bus se vaya definitivamente.
A Iziar se le viene a la mente la estrofa de la canción de ellos "... que sin ti no puedo, que se me derrumba el cielo, que por ti yo vivo y muero, que eres lo que yo más quiero...", y las ganas de llorar aumentan.
De a poco el bus comienza a retroceder y con ello Andrés se va. Intentan verse hasta que ya no hay más remedio y ambos comienzan sus caminos, ella camina llorando hasta la locomoción más cercana que la pueda llevar hasta su casa, él comienza el viaje de vuelta hasta su ciudad. Entre suspiros avanzan ambos, recordando y atesorando cada momento que vivieron juntos.
Al sentarse en el asiento de la micro, Iziar saca su celular para poder escuchar música en el largo trayecto hasta su casa. Lo prende y se pilla con un mensaje de Andrés.

Lo único que tengo en mente es y será imaginar el momento para verte y vernos juntitos otra vez. 

Un suspiro con una sonrisa de nostalgia ilumina la cara de ella, y piensa: te veo pronto amor mío.



Solitaria.

sábado, 7 de marzo de 2015

High and Dry - Jorge Drexler (cover Radiohead)

Tu guitarra suena de fondo, los acordes siguen uno tras otro hasta formar una melodía que me trasporta cerca de ti. Alzó la vista del libro que se encuentra en mis piernas y te pillo con los ojos cerrados, buscando la nota que falta, veo como tu boca se convierte en una mueca y junto a ella el ceño se va arrugando de apoco. Tu mano se alza y te peinas la barba con el índice y el pulgar. Se me escapa una sonrisa. Abres los ojos, pero no me ves. Subes tu lentes con un dedo, te arreglas el pelo y me acomodo mejor para observarte; siento como las mariposas revolotean por mi panza una vez más y mi sonrisa crece aún más. Las cuerdas comienzan a sonar, tu mano se mueve con destreza y sabiduría por ellas, las conoces de memoria, al igual que cada centímetro de mi cuerpo. Sigues formando notas al presionar tus yemas en las cuerdas y sin darte cuenta, consigues continuar con la canción hasta llegar nuevamente al estribillo. Sonríes, alzas la vista y te encuentras conmigo sonriendo de vuelta. Solitaria, muy acompañada.

viernes, 27 de junio de 2014

Nuestras


No creo que haya sido casualidad que nuestros dos caminos se cruzaran en la mitad, por ello, en tu vereda me senté a pensar, en cómo te lo iba a decir pa' que sonara un poco original. De sobra sabes que eres el primero, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. La cosa es así, bien simple, mi corazón es su casa, puede usted pasar cuando quiera, mi corazón es su casa. Después de todo, lo que quiero es decir, que no entiendo cómo podía vivir antes; que yo así no había querido, con el cuerpo adolorido y por más que estoy sufriendo, te quiero seguir queriendo, pa' una vida con sentido. Cuando ya no estés, qué hacer... cuando se apague la noche y los perros ladren, crujen las paredes, qué hacer; hazme un lugar en tu almohada, junto a tu pecho descansaré, porque yo voy a buscarte donde estés, y voy pisando el hielo con mis pies. Es difícil mirarte fijo ahora, si me hablas con la música de tu boca, siempre busco tu sonrisa que me enamora y ese beso que yo sueño contigo ahora. Y entre palabras y caricias y miradas infinitas yo, voy a estar, con lo que puedo darte amor, es amor. Yo no quiero domingo por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín, lo que yo quiero, corazón cobarde... es que mueras por mí. Que si no te tengo reviento, quiero hacértelo muy lento... todo, todo, todo, todo, yo quiero contigo todo. Solitaria muy acompañada.

jueves, 19 de diciembre de 2013

1901

Me gusta el sonido del cigarro al quemar.
Me gustan las luces de navidad cuando varían su color.
Me gusta el sentir el pelo de una barba contra mi piel.
Me gusta contar lunares.
Me gusta abrir el frasco de orégano e inundar mis fosas nasales de su aroma.
Me gusta la cama helada al acostarme.
Me gusta sentir como se derrite el helado dentro de mi boca.
Me gusta cuando el viento hace danzar mi pelo al aire.
Me gusta alzar los brazos al bailar.
Me gustan los amaneceres lentos.
Me gusta mezclar sabores contrarios.
Me gusta cerrar los ojos y que el sol pegue en mi cara.
Me gusta escuchar la risa de un bebe.
Me gusta conversar con un amigo hasta muy tarde.
Me gusta observar a los caballos correr.
Me gusta andar descalza.


Solitaria.

Littlest things

Intento no caminar por las calles que recorríamos de la mano. Lamentablemente, recorrimos toda la cuidad.
Intento no mirar las películas con las que tanto disfrutábamos. Mas me gustan tanto que la televisión continua prendida.
Intento escuchar música que me suba el ánimo. Suelo fallar en ello.
Intento no ponerme ansiosa y comer cualquier cosa. Definitivamente, eso no da resultado.
Intento bajar la mirada ante una muestra de cariño ajena. Pero soy masoquista y me quedo observándolos.
Intento sonreír más a menudo. Me sale una mueca fea que es capaz de asustar a un pequeño.
Intento y vuelvo a intentar no pensar en ti. Y mientras más lo intento, más te pienso.


Solitaria.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El museo de las distancias rotas.

Eres un sentimiento inoportuno.
Quiero acercarme a ti, entrelazar mis dedos en los tuyos y perderme en tu mirada. Mas me quedo estancada en la distancia que nos pesa desde meses.
Te quiero, hablar. Pero soy cobarde y espero que tú lo hagas; no lo haces.
¿A qué jugamos?
Tú vida sigue, no se detiene y, la mía, a ratos te imita.
Los días pasan. Algunos rápidos, otros son como un cuenta gota. El sol sale para luego volver a esconderse y repetir la rutina día tras día.
Busco señales que no encuentro y espero respuestas a preguntas no formuladas.
Creo que si cerrara los ojos podría escuchar el mar dentro de mí.


Solitaria.