Bailaban abrazados, sólo era un vaivén de aquí para allá, pero para ellos era un momento mágico.
La cena había resultado todo un éxito y ahora simplemente quedaba esperar que se consumieran por completo las velas, al igual que el vino.
Norah Jones sonaba de fondo y creaba esa burbuja especial, la misma donde no existía nadie, incluidos ellos. Ella era él y él era ella.
No querían hablar, eso era obvio, pero sabían que no podían aplazar más es conversación; era momento de que la burbuja se reventará y que ellos enfrentarán sus problemas.
Él tomó la barbilla de ella para poder verla a los ojos, en su mejilla rodaba una lágrima. Como le hubiese gustado que fuera una lágrima de alegría, pero sabía por qué lloraba, él también lo deseaba.
Ella intentó sonreír, darle algo de esperanza o de alegría, pero él negó con la cabeza. Le cerró los ojos con su mano y juntó sus frentes en señal de conexión, de entrega el uno al otro.
Un mes. Eso era todo el tiempo que le quedaba ella y, sí ella moría, él también.
Se sentaron en el sillón, ella puso su cabeza en el hombro de él y suspiró.
Ahora sólo les quedaba esperar. Esperar que el vino causara su efecto y los hiciera dormir juntos, él con ella y ella con él; lo que ella no sabía era que de ese sueño no despertarían más y a él sólo le quedaba tener esperanza de que se volverían a encontrar.
Solitaria.
Y abro esa caja de recuerdos y me encuentro con aquella melodia que tanto me hizo bailar.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
Beatitudo
Espero... uno, dos, tres. Miro el horizonte, el sol comienza a decaer lentamente, nadie lo nota. La noche se avecina, me llama, me llama.
Respiro profundamente, siento como el oxigeno llena mis pulmones, me siento elevar y me dejo llevar. Cierro los ojos, a lo lejos se escucha como las olas rompen contra las rocas; una tras otra, siguen, no paran, igual que el palpitar de mi corazón. Siento un pequeño mareo, separo las piernas para no perder el equilibrio y lo siento. Siento ese calor en mi espalda, el mismo que se siente más y más cada ve que pasan los segundos; luego le sigue esa sensación de escalofrío cuando un inocente roce comienza a bajar desde mis hombros hasta llegar a mis manos.
Me abrazo a mi misma, intento abrir los ojos, una briza hace bailar sin miedo mi cabello; cierro los ojos de golpe, pues tu tacto fue decayendo hasta casi no sentirse. Algo aprieta mi mano, me tira y no lo puedo detener, intento soltarme y salir corriendo, pero ya entre en el juego. Es un tira y afloje que sé perfectamente que no ganaré.
Sólo me queda esperar... cuatro, cinco, seis.
Solitaria.
Respiro profundamente, siento como el oxigeno llena mis pulmones, me siento elevar y me dejo llevar. Cierro los ojos, a lo lejos se escucha como las olas rompen contra las rocas; una tras otra, siguen, no paran, igual que el palpitar de mi corazón. Siento un pequeño mareo, separo las piernas para no perder el equilibrio y lo siento. Siento ese calor en mi espalda, el mismo que se siente más y más cada ve que pasan los segundos; luego le sigue esa sensación de escalofrío cuando un inocente roce comienza a bajar desde mis hombros hasta llegar a mis manos.
Me abrazo a mi misma, intento abrir los ojos, una briza hace bailar sin miedo mi cabello; cierro los ojos de golpe, pues tu tacto fue decayendo hasta casi no sentirse. Algo aprieta mi mano, me tira y no lo puedo detener, intento soltarme y salir corriendo, pero ya entre en el juego. Es un tira y afloje que sé perfectamente que no ganaré.
Sólo me queda esperar... cuatro, cinco, seis.
Solitaria.
lunes, 10 de septiembre de 2012
El cielo es tú limite.
Mi viajero. El mismo que tiene las zapatillas casi sin suela, el que siempre está pidiendo que lo lleven, pero que nunca lo regresen; viajas sin rumbo, lo sé. Por eso mismo no te pido que te quedes porque así como llegaste te irás, con tu mochila al hombro y los miles de kilómetros adelante de ti. Tampoco te voy a pedir que no me mientas, porque tu profesión es contar historias ficticias, inventas personajes que no existen, hasta inventas lugares con sólo agregarle lo que aun no conoces y conquistas a los pueblerinos para que te den algún hospedaje para descansar y dormir, así lo hiciste conmigo.
Sólo te pido que después de ésta noche, de estos besos y de estas caricias, vuelvas. De la misma manera que llegaste hoy, con esa gran carretera a tu espalda y con una sonrisa en la cara. Recorre todo lo que quieras, te dejo ir hasta el fin del mundo si así lo quieres, pero vuelve. Regresa al lugar que te corresponde y llena ese lugar vacío al lado de mi cama.
Por ahí dicen que lo que amas tienes que dejarlo ir, si te corresponde, volverá. ¿Volverás?
Solitaria.
Sólo te pido que después de ésta noche, de estos besos y de estas caricias, vuelvas. De la misma manera que llegaste hoy, con esa gran carretera a tu espalda y con una sonrisa en la cara. Recorre todo lo que quieras, te dejo ir hasta el fin del mundo si así lo quieres, pero vuelve. Regresa al lugar que te corresponde y llena ese lugar vacío al lado de mi cama.
Por ahí dicen que lo que amas tienes que dejarlo ir, si te corresponde, volverá. ¿Volverás?
Solitaria.
Metro Valparaíso
"Estación Portales" dijo una voz femenina, la misma que indicaba la proximidad a la siguiente estación del metro; con la única diferencia que ésta estación era distinta a las anteriores, en ella estabas tú esperando para abordar el vagón.
Mi corazón comenzó a latir con más fuerza y me molesté con él. No debería comportarse así por un completo extraño... el mismo extraño que se sentaba a mi lado cada lunes y miércoles desde hace bastante meses.
El metro comenzó a disminuir su velocidad, mas mi corazón aumento su ritmo cardíaco; sólo me quedaba pedir no sonrojarme o sería todo muy obvio.
Aguante la respiración y esperé que aparecieras en la puerta. Espere que nuestras miradas se cruzaran a través del vidrio por unos pequeños segundos antes de que las puertas se abrieran y yo bajara la mirada avergonzada. Pero éste día, tú no te encontrabas ahí para corresponderme. No estabas ahí para sentarte a mi lado durante las siguientes tres estaciones que quedaban.
Mi corazón latió con fuera una vez más y volvió a su normalidad, suspire decepcionada.
Solitaria.
Mi corazón comenzó a latir con más fuerza y me molesté con él. No debería comportarse así por un completo extraño... el mismo extraño que se sentaba a mi lado cada lunes y miércoles desde hace bastante meses.
El metro comenzó a disminuir su velocidad, mas mi corazón aumento su ritmo cardíaco; sólo me quedaba pedir no sonrojarme o sería todo muy obvio.
Aguante la respiración y esperé que aparecieras en la puerta. Espere que nuestras miradas se cruzaran a través del vidrio por unos pequeños segundos antes de que las puertas se abrieran y yo bajara la mirada avergonzada. Pero éste día, tú no te encontrabas ahí para corresponderme. No estabas ahí para sentarte a mi lado durante las siguientes tres estaciones que quedaban.
Mi corazón latió con fuera una vez más y volvió a su normalidad, suspire decepcionada.
Solitaria.
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