sábado, 22 de junio de 2013

Paranoid Android

Era algo imposible, algo que estaba mal y me atraía igual que a una luciérnaga la luz.
No sé si era su forma de caminar, el que siempre vistiera bien, su barba, sus gafas de sol, su cabello rebelde pero no descuidado, mas cada vez que lo veía sentía que lo necesitaba con urgencia.
Amaba la forma en que sonreía, amaba cada arruga que tenía en la comisura de los ojos, amaba la profundidad de sus ojos celestes; amaba la forma en que prendía un cigarrillo y aspiraba el aire de él, lo encontraba algo sensual, incluso algo erótico.
Me encantaba cuando apoyaba su mano en mi espalda justo por encima de mi trasero, dejando claro que yo era suya.
La forma en que me besaba, en que me poseía y me amaba. No había conocido nada igual, porque nada se le parecía. Era algo épico.
Sabía que estaba mal, que sería un gran problema, mas eso no lo detuvo; tampoco a mí. Nos producía adrenalina y éxtasis cada vez que nos reuníamos en secreto, a escondidas de todo el mundo.
Y, a pesar de las horas junto a él volaban, me sentía en el paraíso. En el edén. Yo era Eva y él el fruto prohibido, el fruto que llevaba conociendo un mes y que me dejaba probarlo cada vez que quisiera; el mismo fruto delicioso, lleno de sabor y que hacia que cada célula de mi cuerpo se activara al momento de probarla, nublando cada pensamiento.

Solitaria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario